Vaya vaya, que llevo casi una semana sin deleitaros con mis eskizoidadas! ya sabéis que me fui a Salamanca el pasado jueves y, contra todo pronóstico, me quedé hasta el lúnes ... acertado o no, me quedé (acertado por un lado, poco acertado por otro ... axkldldfkd`sm´s` ... asco askito)
Desde que cambié Madrid por Salamanca, todas mis visitas estaban marcadas por la tristeza y los recuerdos más que por volver a ver a la salagente, pero esta vez ha sido muy diferente: me he venido feliz por poder disfrutar así en mi vida con una gente de mi vida que tengo muy dentro y que me hacen ver mi y su lado más humano. Desde luego que influye que la princesita ha encontrado el equilibrio, que su cabeza tiene unas bases sólidas de pensamientos y sentimientos que no se pueden alterar, por lo que disfruta de cada momento sin pensar en ayeres ni en mañanas.
No puedo, ni quiero contaros un diario de viajes en el que os cuente que el jueves me comí una pizza para cenar con María y que por la noche conocimos al megaraperito que canto en el rivendel, ni puedo (porque no hicimos mucho más) ni quiero (por eso mismo, porque hay poco que contar)
María fue la que más llenó mi visita, porque las dos nos convertimos en sillones que sólo se movían para ir a por comida o para ir al baño; y en ese escenario iban apareciendo personitas: claro que Julia ocupó mucho de mi tiempo, pero no tanto ya que tuvo que trabajar y porque ella no es capaz de estar de jueves a domingo sin salir de casa; Aída y su perrito hicieron acto de presencia también así como Irene y Mario (su novio) que aparecieron por sorpresa sin cristales trasparentes. Por supuesto que dinámica del fin de semana también han sido botitas y Javi, Javi y botitas que ay madre míaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, para qué explicar lo inexplicable ... con deciros que el viernes por la mañana me echaron del colchón del salón creo que os lo digo casi todo (y no penséis muy muy mal, tampoco es para tanto, se veía venir). Ah! me dejaba en el tintero a Iván, el amiguito de María capaz de dejarle el coche a ella para volver a casa después de mil cervezas ... hablando de cervezas, odio la cerveza, yo nunca habñia tenido un botellín de esos en la mano y, el jueves por la noche, tuve un montón y aaaaaggggg, qué ascazo me da la cerveza pero después de los chupitos sin pagar, los mojitos acabados y yo qué sé qué más pues es lo que tocaba.
Qué guachi la sensación que tengo al acordarme de estas cositas ... el domingo fue guachi y no guachi y no por lo que no, sino por lo que sí, porque la princesa mide uno setenta, no cincuenta centímetros . Es un trivial fácil, soy consciente, pero yo decido si quiero ganar la partida. No me gusta el dibujo final, un dibujo que yo quería en blanco, pero lo quería yo, nadie me tiene que obligar a que sea blanco, porque soy yo, yo, yo, yo, yo ,yo, yo ... no me hagas hablar
Más. MAS. MAS. MAS. MAS. MAS. MAS.
Pues el viaje de vuelta lo hice con botitas, que desde Madrid se iba a la megaRoda y su camino fue largo la verdad, no sólo el tren ... ayer no fui a clase tampoco porque estaba medio muerta, creo que tenía fiebre y me dolía todo ... qué cosas que la botitas estaba igual, para mi que nos envenenaron en la ciudad del Tormes eh?
Llevo un día muy pensativo y que me construye y que me ha puesto unos pesos en los pies para que no se me lleve el aire, aunque algunos des-gra-cia-dos ;) me digan que he engordado (va por ti ginita) por lo que esta tarde he decidido ir a andar hasta el carrefour ... lo malo es que he llegado y me he comprado unos donettes para el camino de vuelta ... jajaja ... no es contradicción, es la respuesta a las agresiones de obesidad sufridas en los últimos días pero que joer, a ver si se aclaran, cuando estoy muy delgada, porque estoy muy delgada, y cuando engordo, pues que he engordado, que joerrrr ... ya me cansooooo de escribir nenitos.
Saludos a mi iker personal e intransferible, a la voz de la caverna y a las botitas marrones y azules que con un poco de suerte tendré yo también.